
En esta última región, que abarca puntualmente la zona del istmo correspondiente al estado de Oaxaca, la biodiversidad, que suele presentarse en seductoras expresiones siempre refulgentes e impolutas, abriga las tradiciones ancestrales de los pueblos originales y las antiguas comunidades de los antepasados, y del mismo modo, ofrece atractivos senderos para vivir la emoción de las expediciones, del senderismo y del cañonismo, y también es el lugar ideal para el avistamiento de aves y la aventura de explorar parajes extravagantes e inmaculados. Toda esta afortunada y rica simbiosis biocultural es sin duda el contexto ideal para el viajero y aventurero amante de las emociones intensas en rincones naturales de excepción, sumergidos en contextos siempre cálidos, afables y generosos, es decir, el de los pueblos indígenas de México.
Paraíso para la observación de aves, cañonismo, senderismo y montañismo
Es, por lo tanto, la Región del Istmo de Oaxaca, un paraíso para la observación de aves, el cañonismo, el senderismo, el montañismo, la bicicleta de montaña, la espeleología, las expediciones, y todo aquello que tenga que ver con abrazar la naturaleza con los cinco sentidos, por supuesto de manera activa, y apasionada. Red Ecoturística del Istmo de Oaxaca representa los productos y servicios de cinco proyectos ecoturísticos en comunidades indígenas de esta región.
El Istmo de Tehuantepec, desde tiempos inmemoriales, ha sido una referencia territorial privilegiada de nuestra geografía; desde hace ya más de tres mil años, en este suelo, nuestra cultura madre: la Olmeca, se estableció en lo que hoy conocemos como La Venta, Tabasco, e iniciaba entonces una cultura prodigiosa, dueña de proezas como la de sus esculturas monumentales, es decir sus Cabezas Colosales, y sus ciudades asombrosas, aquellas que estaban por los pantanos. También en el istmo, en las costas del Golfo de México, el siglo pasado se encontraron los yacimientos petroleros más importantes de nuestro país, que ya en algunos casos los olmecas explotaban, y es que ellos fueron “Los primeros petroleros”. Asimismo, en el istmo, descansa la región de los Tuxtlas en Veracruz, un territorio que resguarda una espléndida Reserva de la Biosfera, añejas tradiciones, y aromas de tabaco y café; no menos seductoras son en esta región, las eternas llanuras del Sotavento con sus festivos sones y fandangos jarochos que llevan hasta la maravillosa Selva de Los Chimalapas en el corazón del istmo y de la tierra del jaguar. Continuando hacia el Océano Pacífico se descubren las estribaciones de la Sierra Norte (Sierra Juárez) y de la Sierra Sur de Oaxaca, donde a su vez emergen las Montañas del Istmo de Oaxaca, que viene siendo la continuación de la Sierra Juárez hacia la Selva de Los Chimalapas, y que forma parte del Corredor Biológico Mesoamericano. Finalmente, una vez cruzadas las abruptas serranías, la costa del Pacífico con toda su magnificencia entra en escena, con paisajes espléndidos de acantilados y playas interminables.
Es pues, esta tierra entrañable de prodigiosos saberes, hogar de los descendientes de los olmecas, y de zapotecas, huaves, zoques, mixes, y afromestizos, y otras muchas culturas que han cohabitado y comerciado históricamente en este territorio de poco menos de 200 kilómetros de ancho, justo la franja territorial más delgada de nuestro continente de norte a sur, es decir desde Alaska, justo entre los dos océanos, justo donde termina Norteamérica e inicia Centroamérica. Esto nos lleva a considerar que el Istmo de Tehuantepec en nuestro país, lo abarcan en distintas proporciones, los estados de Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Veracruz. Es decir abraza los territorios de: al norte, el estado de Veracruz, con regiones como los Tuxtlas, los Chimalapas y el Golfo de México; también en el norte se yerguen en esta delimitación geográfica, los pantanos de Tabasco con los vestigios prehispánicos de La Venta; al este, están la Sierra Norte y la Sierra Sur de Oaxaca, y las Montañas del Istmo de Oaxaca; al sur, el Océano Pacífico; y al oeste, Chiapas, con la costa chiapaneca (Mar Muerto), la Sierra Madre de Chiapas, y la Selva del Ocote que es Reserva Especial de la Biósfera.
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La cultura zapoteca inicio en los Valles Centrales de Oaxaca en los alrededores del 1500 a.C, y San José Mogote, en el Valle de Etla, fue el asentamiento o aldea más grande y antigua de que se tenga memoria. Sin embargo, la ciudad más emblemática y poderosa de los zapotecos fue por mucho el fantástico y sagrado Monte Albán, el más grande centro urbano y religioso en esta área mesoamericana, muy cerca, de hecho, de la Ciudad de Oaxaca. Las primeras construcciones de este magnífico sitio datan de entre el 500 y el 100 a.C, del periodo conocido como Monte Albán I. Distinguen especialmente a esta ciudad, además de sus portentosos palacios, sus numerosas tumbas, y es que el entierro de los muertos tuvo un significado profundo y especial para los zapotecas. Algunas tumbas son sencillas, sin embargo, otras presumen maravillosas fachadas con diseños complejos y con estupendos bajorrelieves en dinteles y jambas, y con, en muchos casos, varios vestíbulos y cámaras, y estupendos murales policromados que muestran ceremonias rituales y escenas de la vida cotidiana. Otra ciudad importante y majestuosa de los zapotecas fue sin duda Mitla, un centro religioso situado cerca de Monte Albán, exactamente en el Valle de Tlacolula. Destacan en Mitla la decoración de los edificios a base de mosaicos geométricos de gran belleza y armonía. Estas dos grandes urbes zapotecas tuvieron su decadencia aproximadamente al final del primer milenio d.C, sin embargo la cultura continuó desarrollándose en los valles de Oaxaca, e incluso muchos zapotecas emigraron hacia las sierras y a la región del Istmo oaxaqueño, donde aprendieron a vivir con mixes y zoques en la sierra y con los huaves en las estribaciones del Golfo de Tehuantepec en el Océano Pacífico. Hoy, en los valles centrales de Oaxaca y en la Región del Istmo, todavía se recuerda y en muchos casos se venera a Xipe Totec, su dios principal y creador de todas las cosas, y a Quetzalcóatl, dios de los vientos, y a Cocijo, dios de la lluvia. Los códices zapotecas nos acercan hoy a la enorme complejidad de esta cultura ancestral, los jeroglíficos e inscripciones epigráficas nos dicen que se le rendía culto al sol, la lluvia, la tierra y el maíz, temas reincidentes de todos los pueblos agricultores de Mesoamérica; y de la creación del Universo, nos dicen, que todo inició cuando la materia explotó y desde sus cenizas nació el mundo que hoy conocemos. Asimismo, sus inscripciones nos hablan de sus armaduras de algodón que utilizaban en la guerra, y también de que sus mejores orfebres emigraron en algún momento con el emperador azteca, y es que los zapotecas eran ya conocidos entonces por su enorme talento para la orfebrería y en general para la elaboración de espléndidas joyas. Y el Pueblo de las Nubes todavía hoy vive en los valles centrales de Oaxaca, y en la Región del Istmo de Oaxaca, e incluso se extienden en muchos casos a otras zonas del estado, y también hasta pequeños poblados de Veracruz, Guerrero y Chiapas. Este reportaje es un segmento del trabajo editorial de campo realizado por Nicolás Triedo de Richoufftz para Adventure Mexico Travel como parte de un proyecto desarrollado con Natura Consultores, SC con el apoyo del Laboratorio de Cohesión Social de la Unión Europea a través de AMEXCID en México para beneficiar a comunidades indígenas en la región del Istmo de Oaxaca. Otros segmentos de este reportaje incluyen: Biodiversidad de la Región del Istmo de Oaxaca; Las Montañas del Istmo de Oaxaca; Los rincones mejor guardados del Istmo Oaxaqueño.